La población humana crece con rapidez, y cada vez necesita más tierra para producir alimentos, fibras o madera. Sin embargo, cada año se pierden 6 millones de hectáreas de tierra fértil y otros 21 millones quedan tan empobrecidas que ya no vale la pena cultivarlas ni pastorearlas. Esta degradación del suelo conlleva pérdida de fertilidad y calidad del mismo debida a dos causas fundamentales:
- Por la erosión o desgaste de su superficie, con el consiguiente transporte hacia otros lugares.
- Por deterioro químico o físico debido a diversos factores, como la contaminación, la salinización o el anegamiento.
